Hombrecito de pan - Patricia Suarez

Asunción, Paraguay
Pocos años después de 1870
fin de la guerra del Paraguay, donde el Paraguay fue derrotado por la Triple Alianza y donde su población -especialmente masculina- disminuyó entre el 50% y 85%. . Podría tratarse de cualquier otra post guerra donde haya quedado un gran faltante masculino.
Se prepara una tormenta.
El patio de una casa, dos mujeres vestidas de luto entero.
Arpa y Conrada, hermanas ambas.
Arpa está modelando miga de pan, sentada en pleno patio.

1.
CONRADA: Qué estás haciendo?
ARPA: No lo ves?
CONRADA: Bolitas de pan.
ARPA: No; estoy haciendo una escultura. Una escultura, como Miguel Ángel. Miguel Ángel el escultor, que hacía esculturas en mármol. Miguel Angel era un escultor que hacía escuturas y pinturas en Italia, hace como ...
CONRADA: Ya sé quién es Miguel Angel.
ARPA: Bueno, entonces para qué preguntas?
CONRADA: Quiero decirte algo.
ARPA: Es que justo estoy muy concentrada en mi arte.
CONRADA: Si tuviéramos leche, podríamos hacer un gran budín de pan con tu escultura. Tendríamos budín de pan para un mes entero, ¡qué digo un mes entero, un año entero! Comiendo como pajaritos como estamos comiendo… Quiero irme de esta ciudad. Aquí todo apesta; muerte por todas partes es lo que hay…
ARPA: La miga de pan cuesta demasiado de trabajar. Tiene que estar en su punto justo, para que leve pero siga teniendo forma. En esta escultura, la forma es lo principal.
CONRADA: Me gustaba más cuando hacías elefantitos de pan. Eso que estás haciendo… No sé… ¿Son pies? ¿Estás haciendo un buitre?
ARPA: Voy a esculpir una figura. Quiero que sea como el David que Miguel Angel le quitó a la roca, al mármol. David era un héroe judío, pequeñito, de quien nadie esperaba un rábano, sin embargo…
CONRADA; Ya, ya. Ya sé quién era David. (Nerviosa) Quiero irme y quiero que vengas conmigo. Quiero que me sigas, quiero que luchemos juntas y saldremos adelante porque somos hermanas. Nuestra madre antes de morir, me pidió que te cuidara…
ARPA: Cuando ella murió éramos cinco en la casa y tres en el campo de batalla.
CONRADA: Sí, pero hizo especial hincapié en ti. Porque eres tan especial, Arpa… Porque…
ARPA: No pienso seguirte. Esta es nuestra casa.
Arpa está amasando el torso del muñequito
CONRADA: Anoche soñé con Damián Cristo y estaba vivo. Damián Cristo estaba vivo.
ARPA: Vive, a dos calles de aquí.
CONRADA: Ya sé que está vivo. Está vivo y no tiene ninguna de sus dos piernas. La guerra a veces es así: si un soldado le dá a cambio una parte de sí; a la guerra le basta con devorar esa parte y a cambio deja al soldado con vida.
ARPA: Les dan la baja por invalidez, eso es todo.
CONRADA: No, es más poderoso que eso. Lo normal es que yo soñara con Damián Cristo parado sobre sus dos piernas, como sueño con los muertos todas las noches. Pero no: lo soñé a Damián Cristo postrado en su sillita de mimbre, ¿y eso por qué? ¿Puedes decirme por qué?
ARPA: Porque está inválido. Una bayoneta le traspasó el pecho, cayó a tierra y un caballo le aplastó las piernas. Lo llevaron a un hospital de campaña, pero allí las heridas se le infectaron; le dieron a beber aguardiente para que no doliera y con un serruchito… Le serrucharon las dos piernas suyas.
Arpa amasa la cabeza del hombrecito
CONRADA: No fue por eso. Fue porque aquí los muertos y los vivos están mezclados, viven todos juntos. Nosotras estamos un poco muertas y dentro de muy poco, quién sabe, nadie se dará cuenta de que estamos vivas. Por eso tenemos que irnos, muy pronto, irnos al Brasil. Allá tendremos otra vida, empezaremos de nuevo. Todo de nuevo, hasta podremos cambiar nuestros nombres, algo más… Mariana en vez de Conrada, algo así o…
ARPA: Me gusta lamarme Arpa. Nuestro padre me llamó así porque dijo que…
CONRADA: Ya, ya. Conozco la historia de tu nombre; pero lo importante es que sepas que en Brasil podremos hacer lo que tanto anhelamos. Lo entiendes, verdad?
ARPA: Ser pintora.
CONRADA: Tener un marido primero; después, una familia. No quiero morirme virgen, Arpa. Esta noche lloverá, pero mañana a primera hora…
ARPA: No puedo dejar a mi escultura de pan. Una vez que esté lista voy a insuflarle el aliento, y se volverá una criatura andante.
CONRADA: Se trata de un duende?
ARPA: No. Será mi esposo; le pondré dos aceitunas que hagan los ojos y un trocito de pimiento que haga los labios en la boca.
CONRADA: Estás totalmente loca, Arpa. Estás desquiciada; pero no te preocupes, porque te comprendo. Perdiste al ser más querido, tu Ramón en el campo de batalla y hasta no escatimaste en rasgar tu vestido de novia para que se vuelva vendas para los heridos…
ARPA: A Ramón no lo quise nunca; era una imposición de nuestra madre para que me case con él. Era un atrevido, un guarro. Apenas alguno de la casa se daba vuelta, él estaba sobándome las tetas como si quisiera salir y vendérmelas en el mercado.
CONRADA: Arpa, querida. Conseguí un carro; tenemos tres días y tal vez sus tres noches hasta llegar a la frontera con el Brasil. Les diremos que no somos sus enemigas, que somos sus más fieles súbditas y que acataremos sus…
ARPA: Puedo fabricarte un marido.
CONRADA: Qué?
ARPA: Para que funcione tengo que hacerlo de otro material. Tal vez tierra del jardín.
CONRADA: Un marido de tierra?
ARPA: Adán fue hecho con tierra y luego Dios le insufló… ¿No leíste la Biblia?
CONRADA (paciente): Por qué los hombrecitos que tú … por qué justo ellos se convertirán en hombres de verdad, de piel y huesos?
ARPA: Porque si.
CONRADA: Porque sí no es una respuesta.
ARPA: Porque es un secreto y no te lo puedo confiar.
CONRADA: Como cuando te tiraste al pozo?
ARPA: …
CONRADA: Que dijiste que oías voces que te llamaban desde allí. Pero Doralisa encontró luego la carta que habías dejado donde decías que ya no querías vivir más y…
ARPA: Doralisa huyó con un oficial argentino.
CONRADA: La robó.
ARPA: Eso lo dices para que su mancha no nos salpique.
CONRADA: Ya estamos hundidas en el barro. Ya hemos dejado de ser nosotras.
ARPA: Sueñas todas las noches con un brasileño que te visita. Estás dormida también en tu sueño, y él levanta de a poco la cobija y luego la sábana… y parece que estás dormida, pero no lo estás… porque te tiembla la carne y no es miedo, no. ¡Es la emoción de que te haga suya!
CONRADA: ¡Arpa…!
ARPA enfrenta a su hermana, le aprieta las mejillas: Dime si miento.
CONRADA: Esta noche vendrá un carro y nos iremos en el carro a primera hora de la mañana. Soy tu hermana mayor deberás obedecerme.
Conrada sale airada. Arpa no le hace ningún caso y se afana con su escultura.

2.
El hombrecito de pan -del tamaño que la producción de la obra pueda componer, una minuatura, del tamaño de un muñeco, o de tamaño real- está de pie en su podio y solito en el patio. En el cielo truena y pronto aparece Conrada, que se tapa la cabeza de la lluvia. Pasa junto al hombrecito, mirando más allá por si viene el carro. De pronto, siente que el hombrecito la observa. Se vuelve sobresaltada y se planta frente al hombrecito. Lo observa de un lado, del otro. Vuelve a alejarse; ocurre de nuevo lo mismo; pero esta vez siente que él la llama.
CONRADA: Me hablaste?
Pone su oído cerca del hombrecito.
CONRADA
Hablaste. Qué cosas dijiste?
Buena cosa fuera que ahora mi hermana tuviera razón.
Que vivieras.
(tocándolo)
La lluvia te deshizo el cabello…
Arpa ahora anda diciendo que la obligaron a prometerse al Ramón, que la forzaron el padre y la madre, que se la ofrecieron a él como se ofrece una fruta madura a un visitante, pero era yo, ¡yo! la que estaba enamorada de Ramón! Lo seguía por todas partes, me escondía junto a su camastro para oír su respiración cuando la noche y cuando murió…
Ya no quiero recuerdos.
Dime, hombrecito, dónde debo frotarte para que despiertes?
Necesito que hables más alto. Porque no oigo bien del oído izquierdo…
Pone su otro oído
Qué quieres que te coma primero, figurita? La nariz?
Conrada se come su nariz.
Ya sé tengo arrugas de cien años, y que me corazón vive en salmuera. Estaba muy rica, me comeré una de tus orejas. O no, las dos orejas.
¿Qué puso ella dentro de ti?
¿Azúcar? Clara batida? El piecito te lo pintó con miel…? De dónde habrá sacado la miel nuestra Arpa? Desde que murieron los hombres no hay quien cuide las colmenas… y las abejitas, pobrecitas, andan locas zuuuum zuuum
Conrada se sienta en el suelo y comienza a comerse el hombrecito de pan.
A lo lejos, está amaneciendo.
De pronto, entra Arpa con un manto de lana y dos bártulos de ropa y cosas. Se los tira a la hermana cuando la ve.
ARPA: Aquí está todo. Ya vámonos!
CONRADA indigestada, atontada: Eh, qué?
ARPA: Ya llegó el carro? Podemos irnos, llevo nuestra ropa y… (mira en derredor) Dónde está mi marido?
CONRADA titubea: No lo sé. Cuando vine al patio, él ya se había ido. Miré aquí y… ¡lo siento, te abandonó arpa! Era un mal hombre, mal homúnculo, no sé como decirle a la figurita de pan… ¡Se fue andado y te dejó! Ahora se lo comerán los pájaros, pobre el maridito de mi hermana…!
ARPA: Tienes migas en la pechera del vestido.
CONRADA: Tengo qué…? Que qué?
ARPA: Dónde está mi marido?
CONRADA: No te alteres, te puedo explicar…
ARPA grita: Dónde está? Te lo comiste?!
CONRADA: No. Nunca haría algo así, no Sí, lo siento, me lo comí! (conrada entra en una crisis de nervios) Sí, sí. Lo comí, era dulce, estaba blandito por las gotas de lluvia, tenía ese saborcito de las pastas que preparaba nuestra madre y ¡me entró nostalgia! ¡me entró recuerdo de antes de la guerra, de antes del Paraguay, de antes de antes y sí, de Ramón! Porque nadie lo quiso como yo lo quise y nadie me quiso como él hubiera podido quererme si no te hubieras metido en el medio…! Un día te puse vitriolo en el vaso, pero no te lo bebiste. No supe si estar triste o alegre por evitar la cárcel y la horca y… ¡cargué la pistola que era de Ramón y te apunté una noche mientras dormías! Sólo que vi a Damián Cristo hecho un fantasma calle arriba y calle abajo y pensé que él iba a delatar mi sombra y… aun no me animé a estrangularte.
Luego de un tiempo
ARPA: Puse también mis cuadernos y mis carboncillos.
CONRADA: Prometo no volver a matarte.
ARPA: Adonde vaya, voy a dibujar.
CONRADA: Qué maldición me entrará por haberme comido a tu marido.
ARPA: Era un muñequito de pan, pan con gorgojos porque no había del bueno. Lo hice por amor al arte, porque quien ama el arte debe tener siempre las manos en actividad. (se pone en puntas de pie) Allá viene el carro. Vienes o te quedas?
Conrada se levanta, se sacude las migas, se arregla el pelo, se seca las lágrimas.
CONRADA: Vamos andando.
Las dos salen, apagón.

Fin de Hombrecito de pan

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